lunes, 12 de noviembre de 2012

Sólo el amor salvará al mundo. Un amor como el nuestro.
Desde el primer tuit tuyo sentí una sensación especial, y se mantuvo hasta el día en que con una sonrisa tímida y las manos cruzadas en la espalda te me acercaste sobre la tabla. Ese día, en ese momento, confirmé que ibas a ser más que especial para mi. Todo se dio rápido pero fui tan inmensamente feliz que el tiempo igual me alcanzaba. Me alcanzaba tu mirada, tus palabras, tus caricias, tu sonrisa y tu voz. Me alcanzaba y me sobraba ampliamente porque tenía la certeza de que vos también eras feliz.
Como nada es perfecto tuvimos nuestros malos momentos, pero nada de eso cambió lo que siento por vos. Cuando te tengo cerca sigo disfrutando de los momentos compartidos. Sigo admirando tu seguridad, tu motivación, tu bondad. Sigo imaginándote como el padre de mis hijos y como mi compañero. Eso fuiste para mi todo este tiempo: un gran compañero. Por estar en las buenas y en las no tan buenas; por tolerarme y comprenderme; por cuidarme y aceptarme.
Te elegí todos los días, incluso los que me decía a mi misma no lo hiciera porque ya te habías ido. Después de saber que a pesar de poder vivir sin vos todo se siente por la mitad, te sigo eligiendo. Espero, desde lo más profundo de mi corazón, desde donde nacen estas cosquillitas cuando pienso tu nombre, que vos me sigas eligiendo como tu compañera. Quizás no nos vemos como antes, no nos hablamos como antes, no nos tuiteamos como antes, pero me encantaría saber que seguís sintiendo lo mismo que yo siento por vos.
Hoy tengo muchos recuerdos felices, varias fotos y una especial, de un viaje especial, en mi habitación. Tengo un oso que se llama Oso porque así de simples me parecen las cosas cuando pienso el amor que te tengo, aunque tu cabeza no sea nada simple para mí.
Gracias por todo lo que me diste y me das. Sigamos limando las asperezas que nos separaron una vez y apostemos juntos al grandioso futuro que podemos tener.
Te amo.
Oompa.

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