miércoles, 14 de noviembre de 2012

NECESITO POCO

Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista Ángeles Caso

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas.

O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio.

Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera.

Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante.

A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos.

Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asome la luz Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar.

Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería.

No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase.

Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí.

Sólo quiero eso.

Casi nada.

O todo.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sólo el amor salvará al mundo. Un amor como el nuestro.
Desde el primer tuit tuyo sentí una sensación especial, y se mantuvo hasta el día en que con una sonrisa tímida y las manos cruzadas en la espalda te me acercaste sobre la tabla. Ese día, en ese momento, confirmé que ibas a ser más que especial para mi. Todo se dio rápido pero fui tan inmensamente feliz que el tiempo igual me alcanzaba. Me alcanzaba tu mirada, tus palabras, tus caricias, tu sonrisa y tu voz. Me alcanzaba y me sobraba ampliamente porque tenía la certeza de que vos también eras feliz.
Como nada es perfecto tuvimos nuestros malos momentos, pero nada de eso cambió lo que siento por vos. Cuando te tengo cerca sigo disfrutando de los momentos compartidos. Sigo admirando tu seguridad, tu motivación, tu bondad. Sigo imaginándote como el padre de mis hijos y como mi compañero. Eso fuiste para mi todo este tiempo: un gran compañero. Por estar en las buenas y en las no tan buenas; por tolerarme y comprenderme; por cuidarme y aceptarme.
Te elegí todos los días, incluso los que me decía a mi misma no lo hiciera porque ya te habías ido. Después de saber que a pesar de poder vivir sin vos todo se siente por la mitad, te sigo eligiendo. Espero, desde lo más profundo de mi corazón, desde donde nacen estas cosquillitas cuando pienso tu nombre, que vos me sigas eligiendo como tu compañera. Quizás no nos vemos como antes, no nos hablamos como antes, no nos tuiteamos como antes, pero me encantaría saber que seguís sintiendo lo mismo que yo siento por vos.
Hoy tengo muchos recuerdos felices, varias fotos y una especial, de un viaje especial, en mi habitación. Tengo un oso que se llama Oso porque así de simples me parecen las cosas cuando pienso el amor que te tengo, aunque tu cabeza no sea nada simple para mí.
Gracias por todo lo que me diste y me das. Sigamos limando las asperezas que nos separaron una vez y apostemos juntos al grandioso futuro que podemos tener.
Te amo.
Oompa.